Cuando partí de excursión, Munich se hallaba iluminado por un bello sol, y el aire estaba lleno de la alegría de comienzos de estío. El coche se movía ya cuando herr Delbrück (el propietario del hotel "Las Cuatro Estaciones", donde yo me había alojado), corrió hacia mí para desearme un feliz paseo; luegos, con la mano en la portezuela, se dirigió al cochero:

-Llévelo a casa... Que pueda observar nuestros magníficos paisajes por el camino... -le dijo con una gentil sonrisa que el cochero imitó.
Fue una buena idea salir de casa. Dejar a un lado la depresión y angustia, o al menos guardarla, camuflarla e intentar seguir con mi vida.
Lo necesitaba. Necesitaba huir de mi hogar; de aquel recinto colmado de recuerdos y momentos... Después de perder a Mina, me encerré demasiado en mi mismo, y mi mundo interior aumentó desmesuradamente.
Estoy observando los majestuosos árboles, el cielo oscuro y la luna amarillenta que asoma por la ventanilla del coche. Aún recuerdo la sonrisa de Mina en mi mente, sus ojos oscuros y la risa alegre que me regalaba en vida... Y mi corazón escuece al saber que un día la olvidaré; porqué el tiempo es más poderosos que los recuerdos, y también que las personas.
Te consume. Te consume como a mí me esta consumiendo la meláncolia y tristeza al no tenerla.
Recuerdo, por desgracia mía, la última mirada de Mina; la última vez que me miró con ojos iluminados. Allí, tendida en la cama, con extrema pàlidez, labios cortados, peo la misma sensatez y senzillez de siempre...
"Promete que seguirás adelante, Jonathan" me dijo. Me lo exigió, pero a la vez con ojos suplicantes. Yo no podía parar de llorar, mientras ella sólo esperaba paciente mi respuesta. Mis lágrimas mojaban sus mejillas, e intentaba convencerme que ella también era tan débil como yo. Pero no lo era. Nunca lo fue; y en aquel momento tampoco lo era.
"Te lo prometo, princesa" dije con voz entrecortada, cerrando los ojos, deseando que sólo fuera una dura pesadilla... Los abrí.
Y la realidad se encaraba contra mí. Mi cruel realidad.
Sus ojos estavan abiertos, però no conservaban su luminosidad.
Mina ya no estava conmigo.


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