dimarts, 2 de febrer del 2010

El final múltiple |

Un final diferente


...El conde estaba mortalmente pálido, como una imagen de cera. Sus enrojecidos ojos poseían la espantosa mirada de la venganza, que yo tan bien conocía.

Mientras le contemplaba, sus ojos distinguieron el Sol declinante, y su odiosa mirada lanzó un destello de triunfo.

Me estremecí, paralizada, intentando moverme para coger el cuchillo de Jonathan, que se hallaba en el suelo.

Jonathan también permanecía pálido como yo, aterrado.

Su mano temblava estrepitosamente. Intentaba mover un pie para coger el objeto que acabaría con el conde, pero no pudo.


-¡Ahora! ¡Acabad con él! ¡Que el miedo no os venza; que ese monstruo no triunfe! - gritaba desesperado Quincey.

El sol se escondió tras las montañas, y Drácula rió maliciosamente, enseñando sus duros y largos colmillos.

Sus ojos brillaban y se volvían sadientos de sangre.


-¡Maldita sea! ¡Ser de la más oscura noche, desaparece y no vuelvas a interponerte en nuestras humildes vidas!- gritó rabioso Quincey, acercándose al cofre con una estaca, mientras el conde no paraba de reír.


El Sol desapareció, y la oscuridad reinaba poderosa sobre las colinas y nuestros débiles corazones.

Drácula se levantó con destreza del cofre, cogiendo la estaca de la mano de Quincey y clavandosela en el corazón.

Quincey ni siquiera emitió un grito de dolor o el suspiro de la muerte. Simplemente cayó, tendido en el suelo, con la boca medio abierta, el pecho asangrentado con la estaca de madera y los pulmones sin aire.


El conde rió divertido, tapándose la boca y medio cuerpo con la larga capa oscura:


-Descanse en paz y vaya con su noble Dios, amigo...-

Susurró suavemente con cinísmo en la voz.


Van Helsing, Arthur y el doctor Seward cayeron al suelo impresionados, temblando por sus miserables vidas.

Jonathan permanecía estático y yo a su lado.



-¡Sean bienvenido a mi mundo otra vez, amigos míos!-

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